Una Nueva Sociedad Es Posible

Primera ParteLa Crisis Actual Dentro de la Crisis Generalizada del Capitalismo



Capítulo 2: Análisis de la Respuesta a la Crisis

Índice
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Índice Extendido



Capítulo 2: Análisis de la Respuesta a la Crisis
2A) Sucesión de Medidas Iniciales que resultaron Insuficientes


2A1) Primeras medidas:
Contra la Crisis Hipotecaria derivada de los créditos basura en las entidades de alto riesgo

Como ya hemos comentado, la burbuja hipotecaria estalla a partir del julio-agosto de 2007, con el desplome de la bolsa, que se convertiría en el primer anuncio real de lo que habría de venir.
A partir de aquí, las primeras medidas tomadas son iniciativas de corte clásico: Rebajar los Tipos de Interés para facilitar los créditos y reactivar el consumo. De esta manera, el 18 de septiembre de aquel mismo año la Reserva Federal los baja por primera vez desde 2003.
El resultado de esta medida, que continuó durante todo el otoño de 2008 en EEUU y con más lentitud en Europa, resultó claramente insuficiente, hasta el punto de que en los Estados Unidos los tipos habían llegado a un nivel tan bajo que ya no tenían más capacidad para influir en la economía (0-0,25% a 16/12/2008) .
En este sentido, es de destacar la inyección de capital, por valor de 350.000 millones de euros que hizo el BCE, el 19 de diciembre de 2007, para garantizar la liquidez de los bancos europeos con intención de una bajada del euribor que pasó del 4,99% al 4,45%.
La relevancia de esta medida es que repercute en los créditos a particulares y empresas, ya que el euribor es el valor de referencia para la concesión de créditos. Pero tal decisión también iba a resultar insuficiente.
Como prueba de la insuficiencia de dichas medidas, podríamos citar el pánico bursátil que se desató por todo el globo el 21 de enero de 2008. Como ejemplo, en España el Ibex 35, principal indicador de las bolsas españolas, cayó un 7,54%.
La Continuación de este tipo de acciones conduciría, en diciembre de 2008, a que los tipos de interés en Europa llegasen al 2,5% y, sin embargo, el euribor seguía manteniéndose particularmente alto (3,610%), por la desconfianza de la banca que se seguía negando a disminuir la prima de riesgo en sus operaciones interbancarias, aduciendo que se desconoce la situación real de los bancos internacionales.
Poco a poco, se fueron conociendo las entidades financieras en apuros: Northern Rock (nacionalizada el 17 de febrero 2008 por el Reino Unido), Bear Stearns (que en marzo de 2008 sería comprada por JPMorgan, respaldado por la Reserva Federal), Lehman Brothers, (que quebraría el 15 de septiembre de 2008), Halifax Bank of Scotland (la mayor entidad hipotecaria del Reino Unido, adquirida por el gigante bancario Lloyds TBS el 17 de septiembre de 2008), AIG (la tercera aseguradora del mundo, que tuvo que recibir, el 16 de septiembre 2008, un crédito de 85.000 millones de dólares, a través de la Reserva Federal, que dejaría al Estado el control del 80% de la empresa), Washington Mutual (adquirido por JPMorgan el 26 de septiembre 2008), Merrill Lynch (adquirida por el Bank of América, en septiembre 2008), Citigroup (que tuvo que ser ayudada por el gobierno americano en octubre-noviembre 2008)...
Estos son solo algunos ejemplos. La lista era ya, por aquel entonces, mucho más larga.
A modo de ejemplo de la situación de la banca en Europa se pueden ampliar las noticias de quiebras y nacionalizaciones, por aquella época, en la dirección:
http://www.cafebabel.com/spa/article/26675/bancos-crisis-nacionalizacion-islandia-finanzas.html
Fue, precisamente, la quiebra de Lehman Brothers el detonante que inició un proceso de cambio de actitudes entre los responsables norteamericanos, sumidos en plena marcha de la campaña electoral.
La inacción del gobierno ante este grave hecho y la posibilidad de que se desatara una cadena de quiebras de entidades financieras, condujo a un primer planteamiento intervencionista, protagonizada por el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson que propusieron un plan de rescate de los activos contaminados (o Activos Tóxicos), por valor de 700.000 millones de dólares.
Según Goldman Sachs, la cantidad propuesta por Paulson sería suficiente para dotarse de recursos con los que comprar los activos tóxicos a los bancos y mantenerlos apartados del mercado hasta que volviera la estabilidad.
Durante su negociación, este plan, que fue aprobado por el Congreso el 2 de octubre de 2008, provocó unas tremendas discusiones entre los congresistas, tanto republicanos como demócratas.
Unos, porque llevados por su ideología neoliberal se oponían a medidas intervencionistas por parte del Estado, (los republicanos más radicales). Otros porque trataban de fijar reglas claras para la supervisión del plan a través del Congreso. Finalmente, también se planteaba el limitar las compensaciones que reciben los ejecutivos de las entidades que se iban a beneficiar del rescate.
Lo cierto es que una gran mayoría de los congresistas, querían tener garantías de que el dinero de los contribuyentes serviría realmente para atacar las causas que se encuentran en el corazón de la crisis financiera y que estaban salpicando al resto de la economía por la vía de las restricciones al crédito, la destrucción de empleo y caída del consumo.
Como se puede apreciar en lo que llevamos descrito, las medidas iniciales anticrisis, se vieron muy pronto desbordadas por la grave amenaza de quiebra hipotecaria y los gobiernos se encontraron con el reto de actuar para evitar un desplome generalizado de las entidades financieras fundamentadas en hipotecas de alto riesgo.
Sin embargo, la tarea no era nada fácil pues en primer lugar, no era cuestión de salvar un banco, sino todo un conjunto de entidades financieras afectadas, lo que podía conducir a superar la capacidad de actuación de cualquier gobierno, pero es que, en segundo lugar, lo que se estaba haciendo era invertir para la adquisición de Productos Tóxicos que ya no valían nada y el riesgo de tirar el dinero de los ciudadanos.
Finalmente, empezaba a surgir una discusión importante ante el fracaso de la práctica neoliberal y la necesidad de tomar medidas de intervención por parte de los gobiernos. Sobre este tema volveremos en el capítulo siguiente al analizar la opinión de los expertos.
Para acabar esta sección, conviene destacar una de las primeras medidas con enfoque global, como fue la bajada de tipos concertada el 8 de octubre entre el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal norteamericana.
Dicha actuación, no evitó la tremenda caída que experimentaron las bolsas el día 10 de octubre, la peor semana de toda la historia, mayor incluso, que la de 1929 y 1987.
Por citar algunos datos, diremos que las plazas europeas cayeron más del 10% tras ver cómo el Índice Dow Jones de Wall Street cedía hasta un 8% a los pocos minutos de la apertura. Algunos mercados como Rusia, Brasil, o Austria, se vieron obligados a suspender las cotizaciones ante el descalabro de los valores.
La bolsa española cerró con una caída del 9,14% que elevaba las pérdidas semanales al 21% y el IBEX 35 acumulaba una caída del 45% desde su máximo histórico en noviembre 2007.
Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI), alertaba de que el mundo se encontraba al borde de una recesión.
Es decir, la economía marchaba en picado como consecuencia de que la crisis hipotecaria se había trasladado a la banca y de esta a la economía real, a pesar de las medidas tomadas hasta entonces.
Para colmo de males, continuaba la escalada de los precios del petróleo cuando, al día siguiente, el barril alcanzaría una cota máxima de 147,5 dólares.
En ese momento, El Tesoro de EEUU estudiaba, ya, la compra de acciones de los bancos en apuros.




2A2) Segundas medidas: Contra la crisis financiera de la banca comercial y sus restricciones de crédito

Como acabamos de decir, el pánico hundía las bolsas más importantes el 10 de octubre de 2008.
Ese mismo día se reunía en Washington el G-7, es decir, el club de los países más ricos, quien obligado por la fuerza de los acontecimientos, iba a aceptar como válida la nueva doctrina de intervención pública en el sector financiero, asumiendo un compromiso de “utilizar todas las herramientas a su alcance para respaldar a las entidades más importantes para el sistema financiero y evitar su quiebra”.
Inmediatamente, el comité ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI), que representa a los ministros de Economía de todo el mundo, asumió la resolución aprobada por el G-7. “El Fondo llevaba meses reclamando una acción amplia y coordinada para restablecer la estabilidad en los mercados y la decisión del G-7 es el primer éxito relevante en ese camino hacia una mayor cooperación”, afirmaba al día siguiente, el director gente del FMI Dominique Strauss-Kahn.
Es de señalar que el FMI celebraba durante aquellos días su asamblea anual en Washington y abogaba por una intervención pública más radical que tuviese en la nacionalización parcial de bancos su eje fundamental, pues las medidas adoptadas hasta ese momento habían fracasado en su objetivo de estabilizar los mercados y reconstruir la confianza.
Según sus cálculos, el Fondo estimaba que los bancos solo habían podido captar unos 430.000 millones de euros, a lo largo el año, cuando las depreciaciones de títulos basados en hipotecas basura y otros derivados sumaban más de 600.000 millones.
Siguiendo dichas estimaciones, el FMI opinaba que los principales bancos del mundo necesitarían captar al menos 630.000 millones de euros en los próximos cinco años y que, viendo cómo estaba el mercado, la única fuente segura de capital serían los fondos públicos.
Ese mismo fin de semana (11-12 de octubre), se reunirían los 15 jefes de Estado y de Gobierno de los países que tienen como moneda oficial el euro, convocados por el presidente francés Sarkozy, a petición de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente español. Es de destacar que, previamente, había fracasado en sus conclusiones, una minicumbre del G-4, es decir de los países europeos pertenecientes al G-7.
El objetivo iba a ser el consensuar medidas de emergencia para hacer frente a la crisis financiera internacional, para la cuales estaba en juego uno de los retos más importantes que tiene pendientes la Unión Europea: dejar de lado las políticas nacionales, unilaterales, y establecer una acción fuerte y coordinada.
Sobre esta cuestión crucial para el futuro de Europa, volveré en su momento porque es una de las circunstancias donde mejor se aprecia la Crisis Sistémica, según la cual una economía globalizada pone en cuestión a unas instituciones políticas nacionales, incapaces de organizarse en correspondencia.
No obstante es importante decir que el camino para la nueva tendencia a la intervención pública, había sido iniciado por el primer ministro del Reino Unido Gordon Brown, quien el lunes 6 de octubre había anunciado un ambicioso plan de 550.000 millones de euros.
El paquete de ayudas británico comprendía tres instrumentos.
-Por un lado la recapitalización de los bancos hasta 68.000 millones de euros
- Por otro lado, se ampliaba hasta 136.000 millones el importe máximo que podían destinar las entidades al canje de títulos y cédulas hipotecarias de los bancos, por bonos con garantía del Estado, para así facilitar la liquidez inmediata.
- Finalmente, se aseguraba la emisión de deuda garantizada por el Estado, por parte de los bancos, hasta 342.000 millones.
Tal como comentaremos posteriormente, comenzaba así un cambio de mentalidad, que se iba a apartar paulatinamente de los enfoques neoliberales reinantes, especialmente desde la presidencia de Ronald Reagan, para retomar un planteamiento intervencionista al estilo del utilizado para salir de la crisis del 29 con la política keynesiana del New Deal puesta en marcha por el presidente Roosevelt.
Es curioso analizar, a través de las sucesivas declaraciones realizadas, a lo largo de aquellas semanas, por los responsables del Tesoro americano, su gradual modificación de opiniones en relación con las medidas a adoptar, como es interesante reflexionar sobre las actuaciones que se iban a suceder posteriormente, incluyendo las medidas intervencionistas que iba a implantar el todavía presidente Bush, que llegaría en diciembre a aportar ayudas directas a la industria del automóvil, tal como comentaremos en sección correspondiente.
A este respecto, nunca hay que olvidar la frase lapidaria con la que Reagan, iniciador de la era neoliberal, había advertido al pueblo americano en su discurso de investidura, en 1981:

“En la crisis actual, el gobierno no es la solución a nuestro problema,
el gobierno es el problema”
Y es, especialmente relevante en cuanto al cambio de rumbo que significaba en EEUU, que, siguiendo la política neoliberal, vigente hasta entonces, tan solo unas semanas antes, habían permanecido pasivos ante la quiebra de Lehman Brothers.
Es interesante contemplar en la etapa previa, con predominio de la ideología neoliberal, como a esta institución financiera le negaron su solicitud de reconvertirse desde su origen como “banco de inversión” para constituirse como “banco comercial”.
Incapacitada, así, para resolver su falta de capital para hacer frente a la depreciación de sus activos tóxicos y sus obligaciones de pago de deuda, la situación le llevó a la bancarrota.
Frente a tal actitud inicial, el cambio se manifestó poco después cuando admitieron tal modificación para otras instituciones financieras, tales como Morgan Stanley, o Goldman Sachs (del que Paulson había sido alto ejecutivo) y a los que la crisis y Wall Street también habían castigado duramente por su modelo de negocio.
Así pues, a diferencia del plan inicial aprobado por el Congreso, una parte de los 700.000 millones de dólares, en vez de ir dirigido a la adquisición de activos tóxicos, se iba a emplear en la toma de acciones de los bancos, para inyectar liquidez en los mismos.
El riesgo que se estaba corriendo y que había empezado a denunciarse desde las diversas instancias económicas gubernamentales, a la cabeza de las cuales se encontraba el Fondo Monetario Internacional, era el de una crisis grave de la propia economía real, que podía conducir a una recesión sin precedentes y a escala mundial.
La realidad es que hacía tiempo que se había evaporado la confianza entre los bancos para que estos siguieran prestándose dinero, tal como afirmaba en aquellas fechas Paul de Grauwe, profesor de economía de la Universidad de Lovaina e investigador del Centre for European Policy Studies (CEPS)
Y de igual forma, los bancos empezaban a restringir los créditos a empresas y particulares, con lo que, por ejemplo, en EEUU empezaba a ser difícil conseguir un crédito para financiar la compra de un automóvil.
Hay que tener en cuenta que, ya por aquel entonces, tanto la General Motors como la Ford, empezaban a amenazar con una posible suspensión de pagos.
En esas mismas fechas y en España, la empresa de automóviles Nissan, ultimaba el recorte de un tercio de su plantilla en la planta de Barcelona, en medio de una cadena de suspensiones temporales de empleo, anunciadas en empresas como Seat o Ford, que afectaban a miles de trabajadores.
De esta manera y con la misma rapidez de los acontecimientos que se iban sucediendo día tras día, quedaba liquidada la fase inicial de salvar a las entidades financieras en crisis como consecuencia del final de su ciclo especulativo y el hundimiento de sus valores hipotecarios convertidos en activos tóxicos.
En su lugar, los nuevos enfoques se encaminaban a asegurar la liquidez de la banca comercial, tanto para que no perdiera la confianza de los inversores, como para promover la normalización de la actividad crediticia, de manera que empresas y ciudadanos pudieran acceder a la concesión de los créditos necesarios para el desarrollo de su normal actividad.
Esta fue la línea adoptada por los países del euro reunidos el fin de semana del 11-12 de octubre, al lanzar un plan de rescate para salvar la banca. Los datos económicos de tal decisión, hablan por sí mismos:
Reino Unido: 512.000 millones de euros, Alemania: 500.000, Francia: 360.000, España: 100.000 (más los 50.000 ya anunciados previamente), Holanda: 200.000, Austria: 100.000, Noruega: 40.000, Portugal: 20.000. A eso, había que añadir el compromiso de Irlanda de garantizar por dos años todo el pasivo de los bancos de la isla, cifrado en 400.000 millones.
Como datos destacables a tener en cuenta, entre una marea incesante de noticias que se iban a ir dando, un día tras otro, Londres entraba en el capital de tres grandes bancos: Royal Bank of Scotland (RBS), con una adquisición del 63%, y del 44% en el resultado de la fusión de Lloyds y HBOS.
Barclays Bank, por su parte, se desvinculaba del plan del gobierno y el banco español Santander, inyectaba 1.375 millones de euros en Abbey para capitalizarlo.
La respuesta positiva de las bolsas no se hizo esperar, tras la reunión de los países del euro y el Reino Unido. El lunes 13/10/08 aquellas reaccionaban con gran euforia como consecuencia de los más de dos billones de euros comprometidos como plan de rescate.
En España, el Ibex subió un 10,65% la mayor subida de su historia. Las bolsas de París, Francfort y Milán batían records, con subidas superiores. Wall Street subiría el 11%.
Por otro lado y como una muestra más de la preocupación general reinante, a última hora del 11 de octubre se había reunido el G-20, convocado de urgencia por EEUU y Brasil.
En este grupo de naciones donde, además de las del G-7, se incluyen países con economías emergentes como China, Rusia, Brasil, México, India, Argentina, Sudáfrica, o Corea del Sur, se empezaron a manifestar muestras de indignación por parte de diversos países, debido a las consecuencias de la crisis para sus economías, de las que culpaban a los países avanzados por sus fallos de regulación y, especialmente, a los EEUU.
De hecho, el Gobernador del Banco Central de México, Guillermo Ortiz, iba a ser más radical: consideraba que la resolución del G-7 era insuficiente si no se traducía en medidas prácticas, porque la falta de confianza se había extendido ya a mercados de Latinoamérica, Asia y Europa de Este.
“Es urgente, -decía- que haya cambios en la percepción del problema, porque no solo sufren inversores en productos sofisticados, también están sufriendo los ciudadanos”.
En paralelo a esta exigencia de nuevos enfoques, iba surgiendo la conciencia de la necesidad de desarrollar una nueva arquitectura de regulación pública global de los mercados, los cuales hace tiempo que ya son globales
En este sentido, el ministro de asuntos exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier abogaba por la creación de “Un nuevo mecanismo global de control financiero en el seno del FMI” y, por su parte, el ministro de finanzas japonés proponía una ampliación de los recursos del citado organismo y rebajar las condiciones de sus préstamos.
Hay que tener en cuenta que, en aquellos momentos la capacidad de crédito del FMI era de unos 170.000-200.000 millones de euros, que es menos de la tercera parte del plan de rescate establecido en EEUU para el sector financiero.
Ahora bien, por aquellos días, la resistencia de EEUU, primer accionista del Fondo, parecía condenar al fracaso cualquier intento en esa dirección. En cambio el secretario del Tesoro, Paulson, apoyaba la puesta en marcha de un mecanismo de emergencia para agilizar la concesión de préstamos a países de renta media, cuyo candidato más inmediato podría ser Islandia.
Sin embargo, el problema desatado por la crisis alcanzaba ya un nivel que se estaba escapando de las manos a los países ricos y empujaba, para abordar su solución con mejores garantías, a una colaboración más amplia, que incluyera a las llamadas economías emergentes.
Con este fin y a iniciativa de la Unión Europea a través de su presidente de turno, Nicolás Sarkozy, junto con el presidente de la comisión europea José Manuel Durao Barroso, que se reúnen con el todavía presidente Bush el 19 de octubre, este decide acoger en Washington una cumbre mundial del G-20, que debería reformar el sistema financiero.
La fecha habría de quedar fijada para el 15 de noviembre siguiente.
Para terminar con este apartado de segundas medidas contra la crisis, quiero traer a aquí que, siguiendo la nueva línea apuntada, el 15/10 Bush nacionalizaba parcialmente los grandes bancos de EEUU mediante la compra masiva de acciones por parte del Tesoro, por valor de 183.000 millones de euros, (250.000 millones de dólares).
Los Estados Unidos de América habían dado un giro radical a su plan de rescate del sector financiero y en lugar de comprar activos tóxicos, anunciaban la adquisición masiva de participaciones en los nueve grandes bancos del país. Entidades como Citigroup, JPMorgan Chase, Bank of America y Wells Fargo, iban a recibir, cada una, 25.000 millones de dólares.
Era la mayor intervención gubernamental en el sistema bancario en 80 años, en un país donde primaba el mercado y la iniciativa privada y llevada cabo por un presidente como Bush que había sido adalid del neoliberalismo y los neocons en línea con toda una corriente vigente en EEUU desde hacía 30 años.
De hecho suponía una “Nacionalización Parcial” de los bancos, aunque la administración precisó que no intervendría en las decisiones ni en la gestión de los mismos. Al día siguiente, el presidente Bush diría “que el Estado solo iba a ser un inversor pasivo”
Finalmente y por completar este tipo de informaciones, añadiremos otras dos procedentes de Europa:
El día 16 de octubre Suiza apuntalaría al mayor banco del país, UBS, con un rescate valorado en casi 44.000 millones de euros, tanto para inyectar liquidez, como para la compra de activos tóxicos.
Según esta noticia, UBS recibiría del banco Central 3.499 millones de euros y transferiría 44.789 millones en activos infectados por las hipotecas basura, a un fondo especial respaldado y controlado por el organismo público.
El mayor banco helvético, con pérdidas de miles de millones de euros, ya había despedido a 9.000 empleados, desde el verano.
El día 20 de octubre Holanda inyectaba 10.000 millones de euros para asegurar el futuro de ING, primer banco Holandés y uno de los más importantes de Europa y del mundo.
El Ejecutivo holandés ya había demostrado que no le temblaba el pulso a la hora de intervenir al rescate de su sistema financiero. Anteriormente, el 4 de octubre, había decidido la nacionalización de los activos que tenía en Holanda el banco belga Fortis, fundamentalmente los provenientes de ABN Amro, el banco holandés comprado por aquella institución financiera, un año antes.




2A3) Terceras medidas: Contra la crisis de la economía real, por la caída del consumo y las restricciones de crédito a las Empresas

A lo largo de las páginas precedentes, hemos adelantado en varias ocasiones los síntomas que se estaban produciendo en cuanto al deterioro de la economía real y, por tanto, el riesgo de recesión a escala mundial.
Las alertas que venía dando el FMI sobre dicho riesgo, no tardaron en cumplirse. A finales de 2008, los Estados Unidos, la Zona Euro, Reino Unido y Japón, habían entrado en recesión, con sus economías disminuyendo por segundo trimestre consecutivo.
No eran los únicos. Por ejemplo, el 13 de diciembre el viceministro de Desarrollo Económico ruso informaba, públicamente, que su país había entrado en recesión. Poco tiempo atrás, el gobierno ruso ya había empezado a adoptar medidas de inyección de dinero en la banca para protegerla de la crisis.
Y, con datos muy diferentes, pero amenazadores, se anunciaba que la economía china avanzaba al menor ritmo en 5 años, (desde crecimientos del 11-11,5%, había llegado al 9%, pero el frenazo seguía produciéndose)
Por su parte, el temblor de las finanzas se extendió también al Golfo Pérsico y el 28 de octubre se conocía la retirada de fondos del Gulf Bank de Kuwait, tras su rescate.
Al mismo tiempo, la crisis financiera estaba poniendo contra las cuerdas a los países emergentes.
El 23 de octubre el gobierno argentino nacionalizaba el sistema privado de pensiones, alegando, sin aportar datos, que la crisis había descapitalizado los fondos.
Dicha medida, provocó un efecto cascada en Latinoamérica. El fantasma del impago había disparado la prima de riesgo de la deuda de los países emergentes hasta su máximo en 6 años y acelerado la depreciación de sus monedas.
Por esas fechas, países como Hungría, Ucrania, Islandia, Bielorrusia y Pakistán estaban pidiendo ayuda al FMI y Brasil y México, intervenían masivamente en defensa de sus divisas.
Las grandes economías emergentes, afrontaban la retirada masiva de capitales de inversores que necesitaban dólares para cubrir sus devaluadas posiciones en los mercados de valores y deuda de los países avanzados.
Además, la perspectiva de recesión en la economía de los países desarrollados estaba provocando la caída del precio de las materias primas, claves en la balanza comercial y financiera de buena parte de los emergentes.
Brasil que ya había destinado 18.000 millones de euros a la defensa de la cotización de su moneda, el Real, a través de su banco central, decidía gastar otros 40.000 millones.
Rusia ya había desembolsado 200.000 millones para afrontar la crisis (con inyección a la banca incluida)
A su vez, el riesgo en Latinoamérica hundía a las empresas españolas en la bolsa.
En estas circunstancias, el FMI estaba adquiriendo un nuevo protagonismo, siguiendo la nueva tendencia: menos condiciones a los receptores de préstamos y más facilidades para devolverlos y el 28 de octubre salía al rescate de Hungría y Ucrania.
A causa de esta situación, que se estaba viendo venir, el 15 de octubre de 2008 el contagio de la crisis financiera a la economía real derrumbaba las bolsas, nuevamente.
Estas reaccionaban así ante las noticias del aumento del paro en el Reino Unido (164.000 personas entre junio y agosto) y el descenso del consumo en EEUU (las ventas al por menor cayeron un 1,2% en septiembre, el mayor retroceso desde agosto de 2005).
Tales noticias se unían a la caída del precio de las materias primas (el barril de crudo ya estaba en 70,21 dólares en ese momento) que era otra señal de que la economía mundial se estaba frenando.
Por poner un pequeño ejemplo de "Situación Sistémica" dentro de una economía globalizada, en España, la compañía minera Riotinto advertía de que China estaba demandando menos materias primas a causa de la crisis financiera.
Los datos a finales de año no podían ser más explícitos:

11 millones de desempleados en Estados Unidos, lo que suponía un 7,5% de la población activa, 3,5 millones más que el año anterior.
El 15 de diciembre publicaba el diario El País un artículo ofreciendo datos de la aplicación de despidos masivos por parte de la Banca y las Multinacionales, que era muy significativo
http://www.elpais.com/articulo/economia/Multinacionales/banca/aplican/despidos/masivos/elpepieco/20081215elpepieco_7/Tes/
Según dicho artículo, la banca de inversión, origen de la crisis, arrastraba 230.00 despidos desde el verano de 2007, momento en que comenzó la debacle.
Por su parte, “la crisis en las grandes corporaciones del automóvil, transporte, minería, acero o electrónica, dejaban atrás un reguero de más de 260.000 solo en los últimos tres meses”.
En Alemania empezaba a crecer el paro tras 34 meses de reducción .
En España se volvía a superar la cifra de los 3 millones de desempleados (3,1 millones a fin de año, es decir casi un 13,5% de la población activa). El dato era el resultado del aumento de casi un millón de parados nuevos en 2008 y con perspectivas de llegar a los 4 millones de cifra total en los siguientes meses.
El Índice de Producción Industrial (IPI) había caído en noviembre un 15,1% respecto de la misma fecha del año anterior y la producción de automóviles se desplomaba un 39,3% en ese mismo mes.
Por su parte, el desplome de la burbuja inmobiliaria, había llevado al paro en la construcción a unos niveles tan graves como desalentadores para el futuro de la economía, tras un periodo de locura donde empresas como Martinsa habían llegado a inflar el precio del suelo hasta un 19.000% (diez y nueve mil por ciento).
El presidente de la patronal, José Manuel Galindo, estimaba el 10 de diciembre que la paralización de proyectos supondría la destrucción de 900.000 empleos entre 2008 y 2009 y una rebaja del Producto Interior Bruto del 1,2%.
En cuanto al precio de la vivienda había caído, según la asociación que reúne a las grandes inmobiliarias, entre un 15% y un 20% y esperaban que esta tendencia se mantuviera en 2009. La venta de viviendas hasta octubre de 2008 había sido un 28,2 % menor que en los diez primeros meses de 2007.
Como dato anecdótico, pero a destacar por su valor simbólico, es que por primera vez y a causa del terrible desempleo producido en la construcción, el número de hombres sin trabajo en España, superaba al de mujeres desempleadas.
Por otro lado, empezaba a ser evidente que, a pesar de las ingentes cantidades de dinero que se le había inyectado a la Banca para mejorar su liquidez, estas seguían sin abrir el grifo de los créditos.
A este respecto y como ejemplo, es interesante conocer las noticias en la prensa española, que resultaban muy claras (El País, 19/10/08):
“la ventanilla del dinero se cierra. El mercado interbancario ha entrado en dique seco y la crisis financiera ha reducido drásticamente el acceso al crédito. Resultado: decenas de miles de empresas se encuentran con dificultades crecientes para pagar a trabajadores y proveedores”.
Los empresarios afirmaban que no se concedían préstamos ni con el apoyo de avales.
Esto significaba que las medidas adoptadas hasta la fecha para inyectar liquidez en las entidades bancarias y facilitar el préstamo de dinero, no estaba funcionando, de tal manera que las medidas adoptadas por el gobierno para desbloquear el mercado del crédito (50.000 millones para la compra de activos de máxima calidad y 100.000 millones para avalar emisiones de deuda) eran consideradas por empresarios y expertos como una buena ayuda pero no como el final del túnel
En este sentido, puede merecer la pena recordar el editorial del 11 de noviembre de dicho diario, donde se analizaba la situación:
“Aunque las medidas para atajar la crisis financiera son acertadas y es previsible que en un periodo de tiempo razonable contribuyan a restablecer el flujo del crédito, tanto entre bancos como entre instituciones financieras y empresas, la economía industrial y comercial se está resintiendo gravemente de la incertidumbre bancaria.
Son muchas las empresas rentables que ven cómo desaparecen las líneas de circulante necesarias para su supervivencia y se cierne sobre ellas la amenaza de cierre.
Al problema de la liquidez que asfixia a grupos empresariales sanos hay que sumar ahora la depresión que amenaza a sectores industriales decisivos para mantener la actividad y el empleo, como es el caso del automóvil.
La cuestión se ha suscitado con virulencia en Estados Unidos, aunque es extensible a Europa y, por supuesto, a España. General Motors y Chrysler han acumulado pérdidas mil millonarias y la primera, que ayer se hundió el 30% en Bolsa, ha anunciado que probablemente tendrá que declararse en quiebra en 2008 si no recibe ayudas públicas.
Hasta ahora, los Gobiernos han entendido como prioritario y justificado intervenir sobre el sistema financiero, garantizar el nominal de los fondos de dinero y, una medida que en España debería considerarse, negociar directamente el papel comercial con las empresas, para corregir la agonía del circulante.
La llamada de auxilio de General Motors pone sobre el tapete si los planes de rescate, tanto en Estados Unidos como en Europa, deben extenderse a la industria automovilística o a cualquier otro mercado fundamental para mantener la actividad y el empleo.
Las consecuencias para la economía de una quiebra de GM y Chrysler aconsejan organizar un plan de ayudas para el automóvil. La Administración estadounidense ya intervino para evitar la quiebra de Chrysler. Tendrá que hacerlo de nuevo porque las quiebras industriales provocarían una nueva desestabilización en el sistema financiero, precariamente apuntalado por los planes públicos, y el paro resultante condenaría a la economía estadounidense a la recesión en los próximos años.
La clave está en las contrapartidas. Si la industria automovilística, o cualquier otra, necesita ayudas públicas, habrá que ver cuáles son las responsabilidades y el destino de los directivos y congelar los incentivos de los responsables. Para que al menos se mantenga el principio de que la ineficiencia recibe su castigo.”

Tal situación, que era general entre los países más ricos, explica la facilidad con la que el presidente Bush, reunido el 17 de octubre de 2008 con Sarkozy y Barroso, terminara aceptando acoger la cumbre mundial con unos objetivos urgentes de salir al paso de la crisis económica y la recesión, pero que además incluía una primera discusión sobre la necesidad de reformar el sistema financiero.
De hecho y ya antes de dicha cumbre, se estaban proponiendo e iniciando con urgencia medidas anticrisis que tan solo dos meses antes hubieran parecido inimaginables.
A modo de ejemplo citaré tan solo algunas de las noticias más destacadas de aquellos días:

El 21 de octubre Bernanke ya estaba planteando un segundo plan fiscal para evitar la recesión en EEUU.
En esa misma fecha se anunciaba que Francia inyectaría 10.500 millones de euros en los 6 principales bancos de país y el día 24 Sarkozy planteaba crear un fondo público para proteger a las empresas francesas y anunciaba un plan anticrisis que incluía libertad de horarios comerciales. Así mismo se exponía que un mediador podrá intervenir ante bancos que negasen créditos.
La idea de proteger a las empresas europeas ante su posible compra por instituciones externas había sido propuesta a nivel general por Sarkozy dos días antes.
El día 30 del aquel mes de octubre, la Comisión Europea aprobaba un paquete de medidas para apoyar la economía real y proteger el empleo ante el riesgo de recesión. La ida era que fuera estudiado por los ministros de economía y el detalle de las mismas fuera presentado el 29 de noviembre.
Entre las medidas propuestas se recogían las siguientes:

Fondo de Cohesión: negociar con los Estados miembros la aceleración de los proyectos de inversión que cuentan con una dotación de 350.000 millones para el periodo 2007-2013.
Fondo de Ajuste a la Globalización: ampliar los criterios para la utilización de los 500 millones de este fondo aplicado actualmente a las empresas afectadas por los cambios provocados por la globalización
Banco Europeo de Inversiones: reforzar el capital del BEI que ya había tomado la decisión de poner a disposición de las pequeñas y medianas empresas una línea de crédito de 30.000 millones de euros. La idea era que tales recursos se implementasen de manera urgente.
Fondo Social Europeo: se ofrecería a los Estados miembros la posibilidad de reprogramar los recursos del FSE para reintegrar a los parados en el mercado laboral
Ayuda a los parados para crear empresas: se proponían medidas para ayudar a los desempleados a crear empresas de manera rápida y barata.
Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo: reforzar la actividades del banco, especialmente en los nuevos Estados incorporados en 2004.
Financiación de Infraestructuras: se propone encontrar medidas innovadoras para financiar grandes proyectos de infraestructuras, incluyendo transporte, energía y redes de alta tecnología a través del mejor uso de las asociaciones público-privadas.
Estimular la Eficiencia Energética: unida a la tecnología verde
Industria del automóvil: El comisario de industria Günter Verheugen defendió la idea de conceder préstamos a bajo interés, destinados a la fabricación de vehículos verdes. Los prestamos se tramitarían a través del BEI y podrían ascender hasta los 40.000 millones de euros.
Fomento de la exportación: se propugnaba crear y mantener nuevas oportunidades de exportación, especialmente para pequeñas y medianas empresas a través de acuerdos y facilidades de mercado.
A pesar de todas estas incipientes movimientos para salvar la economía, las bolsas volvieron a derrumbarse el 24 de octubre, en medio de un pánico generalizado a la recesión. El frenazo en las economías avanzadas y la huida de fondos de los países emergentes, castigaba a los mercados con caídas superiores al 4%
En cuanto al sector del automóvil en EEUU, los republicanos seguían reticentes a dar ayudas a las empresas que estaban con graves problemas, fundamentalmente General Motors y Chrysler y, con un poco más de margen, la Ford.
Finalmente y como veremos más adelante, el presidente Bush se decidiría a conceder dichas ayudas.
Sin embargo, antes de continuar con esta exposición de la evolución de la crisis y la graduación de medidas que se iban tomando, es preciso detenernos por un momento para analizar un hito clave del proceso como fue la reunión de los países del G-20, el 15 de noviembre de 2008, tal como había sido anunciado.
Pero antes de entrar a describir tal momento importante para comprender la trascendencia de lo que estaba sucediendo, es interesante hablar de un nuevo fenómeno que empezaba a planear sobre el horizonte y que desde el punto de vista de los expertos en economía es el hecho más grave al que se puede llegar dentro de una crisis económica: La Deflación




Capítulo 2: Análisis de la Respuesta a la Crisis 2B) El Fantasma de la Deflación
La Deflación es una grave situación que aparece en determinados momentos de la marcha económica de un país y que puede provocar un largo periodo de depresión del que es muy difícil salir.
Este fue el caso de la crisis económica de Japón a lo largo de los 80 y 90 del siglo XX, que le supuso una década de estancamiento y retroceso económico hasta lograr superarla. Así mismo, la deflación fue uno de los agravantes de la Gran Depresión del 29.
¿En qué consiste la deflación?
Podríamos decir que es lo contrario de la inflación, es decir, los precios en vez de subir, bajan sin control. Al oír esto, algunos lectores podrían pensar que eso de que los precios bajen es una cosa estupenda y que lo que hay que hacer es alegrarse de que ocurra. Sin embargo, la cuestión dentro de la sociedad capitalista, no ofrece una perspectiva tan agradable.
En efecto, si los precios bajan mucho, a algunas empresas no les sería rentable seguir produciendo, con lo que cerrarían y dejarían sin empleo a sus trabajadores.
Esto significa que menos personas podrían comprar cosas y descendería el consumo, con lo que los comercios se verían obligados a nuevas bajadas de precios para intentar colocar los productos acumulados.
Ahora bien, las nuevas bajadas de precios provocarían que más empresas tuvieran que cerrar y, como vemos, de continuar este proceso deflacionista, el riesgo es el de entrar en una espiral de cierres de empresas y despidos y, en definitiva, de un retroceso prolongado de la producción y de la generación de riqueza.
De esta manera, la deflación a lo que conduce es que, más allá de una simple y breve recesión económica, se entra en un largo proceso de depresión, del que es muy difícil salir.
Pues bien, este es el riesgo que se estaba corriendo, ya en noviembre de 2008, dentro de la crisis actual, pues la crisis financiera al trasladarse a la economía real por el cierre del grifo de los créditos, había hecho descender el consumo y provocado dificultades en las empresas industriales con la consecuencia de despidos a lo largo de todos los países desarrollados.
Estos despidos aceleraron la disminución del consumo y ello condujo a una bajada enorme de los precios. (El petróleo estaba a finales de 2008 en 40 dólares el barril, habiendo bajado en pocos meses desde los casi 150 $ a los que había llegado en el verano y recordemos lo que se dijo de la bajada de las bolsas al conocerse el dato del descenso del consumo en EEUU).
Por poner un ejemplo, el índice del Coste de la Vida (el IPC) en España, que había subido hasta más allá del 5%, se había colocado a finales de año en menos del 1% y en los primeros meses de 2009 ya era claramente negativo.
Aparentemente y para los ciudadanos, la noticia era buena, pues los productos resultaban más baratos, pero empezaba a surgir el temor de que se entrase en una espiral de bajadas de precios (las rebajas de enero, se estaban prolongando a febrero con ofertas del 50 y 60% en muchos comercios) y que la amenaza de la deflación se convirtiera en un hecho real, teniendo en cuenta que el paro había crecido, en 2008, en un millón de personas y que se contemplaba que subiese otro millón más en 2009.
Para terminar este tema y ayudar a entender hasta qué punto es uno de los riesgos que se corren en la crisis actual, transcribo a continuación el articulo del periódico The New York Times escrito por Peter S. Goodman, el 13 de noviembre de 2008:
LA CRISIS DESPIERTA EL FANTASMA DE LA DEFLACIÓN
Mientras docenas de países se hunden en el caos financiero, una nueva amenaza podría estar cobrando bríos: la perspectiva de que se acumulen las mercancías en espera de compradores y caigan los precios, sofocando las inversiones nuevas y minando el desempleo durante meses o incluso años.
El término para esto es deflación o descenso de precios y es una palabra que les produce escalofríos a los economistas. La deflación acompañó a la Gran Depresión en la década de 1930. La bajada persistente de precios fue también el origen de la denominada “década perdida” de Japón a raíz del catastrófico pinchazo de la burbuja inmobiliaria a finales de la década de 1980.
“Esa ciertamente es la instantánea del riesgo que yo veo”, dice Robert J. Barbera, economista jefe de la empresa ITG. “Es la crisis a la que nos enfrentamos”.
En el peor de los casos, una larga y lenta retracción en la que consumidores y empresas de todo el mundo pierden los medios para comprar, podría hacer bajar los precios de muchos productos.
Aunque sigue considerándose improbable, eso induciría a las empresas a ralentizar la producción y a acelerar los despidos, retirando más salarios de la economía y debilitando aun más la demanda.
El peligro de esto es la dificultad para ponerle remedio. Los políticos pueden por regla general ahogar la inflación subiendo los tipos de interés, aflojando la actividad económica y reduciendo la demanda de mercancías.
Pero como averiguó Japón, una economía puede permanecer atrapada en la deflación, incluso si se bajan a cero los tipos de interés: la caída de los precios hace que las empresas se muestren reacias a invertir incluso cuando el crédito es gratuito.
Desde la Gran Depresión no se habían enfrentado tantos países a tantos problemas al mismo tiempo. La crisis financiera afecta a todo el mundo, como un virus que muta ante cualquier intento de cura experimental. Desde Corea del Sur hasta Islandia o Brasil, la pandemia se ha extendido, trayendo consigo una restricción del crédito que priva de financiación a las empresas, incluso sanas.
“Estamos entrando en una recesión mundial verdaderamente feroz”, decía Kenneth S. Rogoff, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional y ahora catedrático de la Universidad de Harvard. “Se ha permitido que una crisis financiera significativa se convierta en un pánico mundial de tomo y lomo. El peligro está en que en lugar de unos cuantos años malos, tengamos otra década perdida”
El crecimiento económico mundial ha florecido en años recientes, buena parte de él fertilizado por la inversión a través de créditos. Esto levantó reinos de casas en Florida y California, altos hornos en Ucrania, mataderos en Brasil y centros comerciales en Turquía.
Ahora la marea está retrocediendo. Los bancos y otras instituciones financieras se enfrentan a las consecuencias de unas inversiones desastrosas por valor de cientos de miles de millones de euros. Para tratar de reconstruir su capital, están paralizando los préstamos a muchos clientes, exigiendo un pago rápido a otros y deshaciéndose de activos, lo que hace que los precios bajen todavía más y los activos restantes valgan menos.
“Nos encontramos en un bucle de retroalimentación adverso en el que los activos siguen perdiendo valor”, decía Barberá. “Lo que estamos haciendo básicamente es presionar fuertemente a la economía mundial, obligándola a caer”.
En crisis anteriores, como las que desbastaron México en 1994 y gran parte de Asia en 1997 y 1998, las economías débiles consiguieron recuperarse exportando activamente, en buena medida a Estados Unidos. Pero esta vez los consumidores estadounidenses están muy tocados.
Desde Asia hasta Latinoamérica, las exportaciones se están ralentizando y lo normal es que sigan a medida que se pierde el apetito mundial. Esto hace temer que grandes productores como China e India –que en estos últimos años han ampliado enormemente su capacidad de producción- se vean obligados a inundar los mercados mundiales para mantener las fábricas en funcionamiento y evitar el desempleo, lo cual forzará nuevas caídas de los precios.
Desde hace tiempo China ha centrado los comentarios de que el mundo podría seguir creciendo con independencia de los problemas estadounidenses. China importa algodón de India y Estados Unidos; componentes electrónicos de Corea del Sur, Malasia y Taiwán; madera de Rusia y África y petróleo de Oriente Próximo.
Pero muchos de los productos acabados que China produce con estos materiales acaban aterrizando en EEUU, Europa y Japón.
Cuando los consumidores echan el freno en esos países, las fábricas chinas sienten el parón, igual que los proveedores de todo el mundo.
“Lo vamos a pasar muy mal durante varios años más hasta recomponer todo esto” vaticina Barry P. Bosworth, un miembro destacado de la Brookings Institutión.




Capítulo 2: Análisis de la Respuesta a la Crisis
2C) Reunión del G-20 (15 de noviembre 2008)



2C1) Preparación de la cumbre y problemas previos
En los días anteriores a la celebración de la cumbre ya se empezaron a ver las principales dificultades que ésta habría de encontrar para llegar a algún tipo de acuerdo común.
Es cierto que a tales alturas de la crisis, con la banca colapsada y una grave recesión en marcha, había un consenso generalizado en que todos los gobiernos debían emplearse a fondo con estímulos fiscales agresivos pues las políticas monetarias, rebajando los tipos de interés, estaban resultando claramente insuficientes.
Sin embargo, a partir de este hecho, empezaban diversas e importantes diferencias de planteamiento, unido al hecho de que el presidente americano George Bush se encontraba ya en la fase final de su mandato a la espera de su reemplazo por el recién elegido Barack Obama.
En primer lugar y dentro del ámbito de los países ricos, se encontraban dos tipos de enfoque enfrentados.
Mientras que en la UE se reclamaban reformas profundas, el presidente Bush volvía a marcar el terreno, insistiendo el día anterior a la cumbre que

“la respuesta no es reinventar el sistema.
El intervencionismo gubernamental no lo cura todo”
En segundo lugar, se discutía el alcance de las reformas necesarias sobre los controles del sistema financiero, causante originario de la crisis. Estaba en juego el futuro del papel del FMI y otras instituciones económicas mundiales.
Finalmente, la otra cuestión que llevaba años sin resolverse era la de la liberalización del comercio mundial que es el objetivo permanente de la inacabada Ronda de Doha, negociación promovida en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y que se supone que debe llegar a un acuerdo final en 2013.
La falta de entendimiento entre los países ricos y los países en desarrollo sobre esta cuestión, que plantea la desaparición de los subsidios que recibe la agricultura en los países ricos en perjuicio de los demás, volvía a plantearse como un objetivo a relanzarse a partir de la reunión del G-20.
Por su parte, los países emergentes, aglutinados en el G-20, planteaban con urgencia la necesidad de extender su presencia, con el peso que les corresponde, a todos los organismos de decisión económica globales, FMI, Foro de Estabilidad Financiera, Banco Mundial, etc.
En relación con el primer y segundo puntos, es interesante conocer la opinión que ofreció el director gerente del FMI, Strawss-Kahn, el 31 de octubre cuando decía:
“la extrema volatilidad de los mercados pone de manifiesto que la crisis financiera sigue teniendo sus efectos. Tengo muchas esperanzas en esta volatilidad se calme porque los planes financieros estadounidenses y europeos son sólidos.
Estoy más preocupado por la desaceleración de la economía mundial y sus consecuencias sociales. Por ello, el FMI no puede contentarse con ser el bombero que ayuda a los países a recuperar sus balanzas de pago, sino que reivindica el papel de un albañil que ayuda a reconstruir el crecimiento”....
Y respecto a la propuesta de Gordon Brown, primer ministro del Reino Unido de convertir al FMI en un “Banco Central Mundial” dotado con medios financieros reforzados indicaba:
“Brown tiene razón al querer reformar la arquitectura financiera mundial. Con la Globalización, cuando el sector inmobiliario se hunde en Virginia, Hungría sufre. El FMI puede evitarlo. Para eso, es necesario que su papel de coordinador de la regulación mundial se reafirme; este es el planteamiento de Nicolas Sarkozy.
Así, propondré Al G-20 un plan de nueva gobernanza o estrategia de regulación global, en torno a cinco ejes:
  • 1) poner a punto un nuevo préstamo que permita aliviar los problemas de liquidez a corto plazo;
  • 2) aumentar los recursos del FMI;
  • 3) extraer lecciones de las políticas económicas que han llevado a estas burbujas repetidas
  • 4) supervisar la implantación de nuevas regulaciones financieras que ha elaborado, junto al FMI, el Foro de Estabilidad Financiera, que agrupa a los grandes bancos centrales
  • 5) y ayudar a replantearnos un sistema mundial más coherente

Los planteamientos europeos ya habían sido recogidos en el propio New York Times del día anterior en un artículo que se titulaba “Europa Prescribe una tercera Vía”
Frente a ellos, la Administración Bush aceptaba que había que acordar normas para mercados y agentes financieros con regulación inexistente o fallida. Pero quería frenar el impulso europeo de apretar las tuercas a las agencias de calificación de riesgo, los Hedge Funds o la retribución de los directivos. Y sobre la coordinación de la normativa, EE UU creía suficiente ampliar las competencias y la composición del Foro de Estabilidad Financiera, un organismo de carácter técnico creado por el G-7.
De esta manera, las notas discordantes eran palpables entre los diversos grupos de países que acudirían a la cita, incluidas discrepancias dentro de los países de la Unión Europea (UE)
Así, el mayor impulsor en aquellos momentos, de planes públicos de apoyo a empresas y ciudadanos, era el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown
"Necesitamos acordar en esta cumbre que es urgente coordinar la aplicación de medidas fiscales y monetarias", Aseguraba a la prensa británica en el avión que le llevaba a Washington "El coste de no actuar sería mucho mayor que el de actuar".
Naturalmente, la urgencia se justificaba por sí sola. La Zona Euro había entrado en recesión por primera vez desde su creación, el número de personas cobrando el subsidio de paro en EEUU había llegado al máximo del último cuarto de siglo y la propia China estaba sintiendo los efectos de la crisis con un frenazo que la llevaría en el último trimestre a un crecimiento de solo el 6,8%, en línea con las peores predicciones establecidas hasta la fecha. Por otra parte, el fantasma de la deflación empezaba a planear sobre las economías de los países avanzados, con la rápida bajada de los precios que se estaba produciendo y que habría de consolidarse a finales de 2008.
En realidad, la propuesta de Brown era muy similar a la planteada con anterioridad en la reunión del G-7 para salvar la banca, solo que la actuación, ahora, debería ir encaminada a salvar la economía, recortando impuestos y lanzando importantes planes de inversión pública en infraestructuras.
La idea había sido seguida con poco entusiasmo por el presidente francés Sarkozy o el italiano Berlusconi. Tampoco era aceptada del todo por la alemana Ángela Merkel y en España el ministro de economía afirmaba que estaba agotando casi todo el margen a pesar de disponer de unas cuentas públicas saneadas. Si bien es verdad que, finalmente y reunidos antes de la cumbre, los países europeos parecieron llevar una voz única a la misma.
En EEUU la situación era contradictoria. Por una parte Bush, junto a los conservadores, no era partidario de medidas con más protagonismo del sector público, aunque como ya hemos dejado dicho, terminaría forzado por las circunstancias a prestar ayudas al sector del automóvil.
Por otro lado, el Partido demócrata apostaba por nuevos incentivos fiscales, a la espera de la investidura como presidente de Barack Obama.
Quien sí estaba en la línea de Gordon Brown, era China que ya había puesto en marcha un ambicioso plan de inversión de 500.000 millones de euros para salvar, no solo la banca sino la marcha de su economía.
Y, por su parte, líderes de los países emergentes, como el ruso Dimitri Medvédev o el mexicano Felipe Calderón, insistían el día anterior en que lo urgente era reformar el Fondo Monetario Internacional, exigiendo la ampliación de su capacidad de préstamo y redirigiéndola a financiar incentivos públicos a la demanda interna de economías en desarrollo.
Ante esto, la administración Bush aceptaba ampliar la presencia de los países emergentes en el FMI, pero no era partidaria de iniciativas enfocadas a ampliar las competencias de dicha institución y mostraba un rechazo profundo ante los planteamientos de convertir al FMI en supervisor global de las nuevas tareas a desarrollar para coordinar la regulación de los mercados financieros, iniciativa que, por otro lado, tenía el consenso de la zona euro. Naturalmente, para los países emergentes las cumbre habría de marcar el proceso para asumir mayores cuotas de poder en los foros internacionales.
Sobre esta cuestión crucial, que podría llegar a modificar los esquemas de poder mundial surgidos de Bretton Woods, volveremos en su momento.
En este sentido, algunas de las opiniones típicas de aquellos días, fue la comparación entre la cumbre que se iba a celebrar y lo acontecido en 1944 en el ya famoso complejo hotelero de Bretton Woods, (Nuevo Hampshire).
Evidentemente, las diferencias eran tan grandes que la comparación no se resistía. Bretton Woods significaba el final de un proceso de estudio sobre los cambios en las estructuras económicas mundiales, que había durado casi tres años de trabajo, mientras que la reunión del G-20 como mucho, podría ser tan solo el comienzo de una tarea que forzosamente debería alargarse en el tiempo, y, sobre todo, a la espera del cambio de presidencia en EEUU que iba a llevarse a cabo el 20 de enero de 2009.
Lo que se podía esperar de la reunión del 15N, era la adopción urgente de medidas económicas, generalizadas, contra la crisis y un programa de trabajos a partir del compromiso que se estableciera como acuerdo entre los participantes.
Otra cuestión que se debatió en los días previos fue la del número de miembros que iban a asistir, debido al interés por estar presentes, de ciertos países no incluidos en el G-20, entre ellos España.
Finalmente, en la reunión acudieron, además de los países del G-20, España que alegaba ser la 8ª economía mundial y con una banca que presumía de estar mucho más saneada gracias a las medidas regulatorias impuestas desde hacía varios años por el Banco de España, Holanda y Chequia en tanto que país que iba a ostentar la presidencia europea en los siguientes 6 meses.
Tal decisión, no era más que el anticipo de los cambios que la economía mundial había experimentado y la necesidad de adaptar las instituciones a la nueva relación de fuerzas, cuestión que con seguridad, va a estar en el tapete en los tiempos venideros.
Además de ellos, estuvieron presentes representantes de la ONU, el FMI y el Banco Mundial.





2C2) Análisis de la cumbre 1. Decisión de medidas a tomar a corto y medio plazo
Contra todo pronóstico, dadas las discrepancias de entrada y la brevedad de la reunión donde cada uno de los líderes mundiales presentes dispuso, tan solo, de dos horas para su intervención, hubo un acuerdo general reflejado en el documento que se presentó a la opinión pública de todo el mundo y cuyo texto queda más abajo como apéndice de este apartado.
En cierto modo, la facilidad para llegar a un acuerdo, es algo que hubiera podido esperarse ante la grave amenaza de una depresión mundial, que venía anunciándose a través de la enorme avalancha de noticias y datos negativos sobre las economías, tanto de los países desarrollados, como de los países emergentes.
Así pues, los líderes de las principales economías del mundo, ricas y emergentes, dejaron a un lado sus muchas diferencias para enfrentarse conjuntamente, por lo menos, a la cuestión más urgente: detener la recesión que surgiendo desde EEUU y luego Europa, se transmitía como un cáncer por el resto de la Tierra.
El texto de lo acordado, que se puede leer al final de esta sección, reflejaba muy bien la intención de aunar esfuerzos para detener la crisis y la decisión para reformar las estructuras del sistema financiero mundial. Sus aspectos más destacados podrían sintetizarse en cuatro apartados.
- Respecto de la crisis económica, el G20 ampliado acordó impulsar una serie de incentivos públicos que fueran mucho más allá de todo lo desarrollado hasta entonces, de tal manera que el propio George Bush que, como dijimos anteriormente, el día previo a la cumbre había vuelto a recordar que “la solución nunca ha sido más gobierno”, terminaría afirmando tras la clausura de la reunión que “Puedo decir ahora que hemos contestado con éxito a la pregunta de si países con intereses tan diferentes podíamos ponernos de acuerdo”.
De hecho, la propuesta de generalizar los incentivos estatales había ido ganando adhesiones conforme se desarrollaba la cumbre. "La crisis financiera puede llegar a convertirse en una crisis humanitaria si no actuamos", sintetizó el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon".
- En cuanto a la discusión sobre el papel que deberían ejercer en el futuro, tanto el FMI como el Banco Mundial, la reunión dio un primer paso para la reforma del sistema financiero mundial, abriendo el debate sobre el papel de aquellas entidades y la necesidad de regular el mercado financiero.
De hecho, el apartado que se dedica dentro del el texto, a la regulación es muy exhaustivo.
- Por otra parte, el comunicado final, reconocía la necesidad de que los países emergentes participasen de manera directa en aquellas y otras diversas instituciones mundiales, tal y como estaban exigiendo. Para ello, se plantea de manera muy explícita, dedicándole todo un apartado, a la modificación de las estructuras de poder mundial nacidas en Bretton Woods.
La reunión acalló las fuertes divergencias entre Europa y EEUU, dejando el tema para su discusión en grupos de trabajo que deberían presentar sus conclusiones en la siguiente sesión que ya se estaba proponiendo para abril de 2009 (finalmente, quedaría fijada para el 2 de abril de en Londres)
- En relación con los problemas del comercio mundial, se lanzó un mensaje contra el proteccionismo y a favor de la liberalización comercial y además se propuso convocar antes de fin de año a la paralizada Ronda de Doha para alejar cualquier fantasma de proteccionismo, con el compromiso de buscar nuevos acuerdos de rebajas de aranceles en algunos mercados clave.
Naturalmente, desde fuera de la cumbre, el apoyo llegaba del futuro líder de Estados Unidos, Barack Obama, quien hacía acto de presencia indirecta mediante una intervención radiofónica coincidente con el arranque de la reunión. Sus palabras fueron claras:
"Al tiempo que actuamos de forma concertada con otros países, debemos intervenir aquí con urgencia", ...añadiendo, "Si el Congreso no aprueba ya un plan que dé a la economía el empujón que necesita, ésa será mi primera orden ejecutiva como presidente”.
En resumidas cuentas, y como adelanto del comentario que haré más adelante, es importante advertir, que siendo el texto de lo acordado en Washington muy esclarecedor en torno al cambio de ideas en relación con las propuestas allí indicadas y muy explícito en cuanto al tipo de tareas a realizar, otra cosa iba a ser su puesta en marcha por los países allí presentes.
De partida hay que tener en cuenta las dificultades para llevar a cabo muchas de las cuestiones propuestas en el comunicado final, que requerirían mucho tiempo antes de conseguir acuerdos prácticos entre los muchos intereses enfrentados.
En este sentido, los cambios en las instituciones mundiales y las nuevas normas regulatorias del sistema financiero y la forma institucional para controlarlas, no podrían hacerse de la noche a la mañana y solo a través de grupos de trabajo que elaborasen propuestas concretas para discutir en siguientes sesiones del G-20 ampliado.
Por tales razones, el Plan de Acción que se propone en el documento se dividen en dos apartados: el de las medidas inmediatas a aplicar ante del 31 de marzo y el de las medidas a medio plazo
Como ejemplo de las dificultades derivadas de los intereses enfrentados, podríamos citar que la intención de reunir a la Ronda de Doha antes de fin de año, no iba a ver la luz pues su mismo responsable (el director general de la OMC, Pascal Lamy), viendo la imposibilidad de llegar a acuerdos, no la convocó.
También podríamos hablar de las diversas tendencias al proteccionismo, totalmente contrarias al espíritu de hacer frente con medidas globales a una crisis global, que empezaron a surgir en diversos países tratando de defender sus industrias nacionales frente a las externas, empezando a aconsejar a la población y a la industria para que consumieran productos propios.
Este, entre otros ejemplos, habría de ser el caso del plan presentado en enero 2009 por el recién nombrado presidente Obama en EEUU, para su aprobación en el Congreso, donde se incluyeron medidas proteccionistas como que la industria utilizara solo hierro y acero de producción propia.
Dicha cuestión habría de provocar la consiguiente denuncia de Canadá, gran suministrador de acero a EEUU y también por parte de la Unión Europea, lo que no impedía que en algunos países europeos ya se estuviera pensando en medidas similares.
Hay que decir que el mismo presidente Obama, consciente del problema suscitado, solicitaba a principio de febrero y en medio de las negociaciones con los senadores, que se vitasen medidas proteccionistas que no podían resultar adecuadas en la situación de crisis mundial que se estaba viviendo.
Pues bien, una vez hecha esta breve síntesis de los principales aspectos relativos a la reunión y las decisiones que allí se adoptaron, recomiendo a los lectores interesados, una atenta lectura del texto del acuerdo, que he dejado trascrito íntegramente en el Apéndice 4A.




2C3) Análisis de la Cumbre 2. Actividad posterior como resultado de los acuerdos adoptados
A la vista del documento, se puede comprobar que la gravedad de la crisis económica mundial condujo a los líderes allí reunidos, a un urgente acuerdo de principios y medidas que podrían considerarse muy importantes, tanto por el consenso establecido, como por el cambio de rumbo ideológico planteado, así como en la decisión de modificar las estructuras de poder surgidas de [[#Bretton_Woods|Bretton Woods]] en 1944.
Sin embargo, dicha urgencia en la elaboración del documento de acuerdo llevaba lastrado un hecho clave para entender buena parte de lo que habría de suceder en los meses inmediatamente posteriores.
Se trataba del cambio en la presidencia de Estados Unidos, que forzosamente, ponía en estado de espera buena parte de los objetivos allí planteados, pendientes de la llegada del nuevo presidente Barack Obama y, por tanto y en buena medida, aplazados hasta la siguiente reunión que habría de tener lugar en abril de 2009.
En esta situación, es cierto que los países asistentes, fueron adoptando algunas medidas de apoyo a la economía real y hay que destacar la urgencia con que a finales de enero 2009 Barack Obama presentó al Congreso norteamericano su plan anticrisis por un valor inicial de 850.000 millones de dólares, pero lo cierto es que la crisis seguía avanzando como una oscura amenaza de convertir la recesión en una depresión sin precedentes desde la segunda guerra mundial.
Las medidas adoptadas eran improvisadas por cada país al hilo de sus necesidades particulares, resultando a todas luces insuficientes.
En este panorama, de retroceso económico e incremento acelerado del desempleo, empezaron a surgir distintas alarmas que no presagiaban nada bueno:
Inicio de conflictos sociales en diversos países, (huelgas salvajes con tintes xenófobos en el Reino Unido, huelga general en Francia, protestas campesinas en Grecia, etc.) reforzamiento de planteamientos xenófobos en muchos lugares en contra de la contratación de inmigrantes, intentos de la extrema derecha para desarrollar una organización común dentro del parlamento europeo y capitalizar el descontento, reacción un tanto a la desesperada de algunos líderes de gobiernos con planteamientos proteccionistas típicos del “sálvese el que pueda”, etc.
Como resumen, creo de interés traer aquí el comentario que hacía el columnista Joaquín Estefanía en las páginas del periódico El País, el 12 de enero de 2009, titulado “Nosotros los líderes...”. (las negritas y subrayados son míos)http://www.elpais.com/articulo/economia/lideres/elpepueco/20090112elpepieco_7/Tes

Nosotros los líderes
“Esta semana se cumplen dos meses de la reunión del G-20 en Washington, convocada para crear una nueva arquitectura financiera global y luchar contra la recesión.
Desde entonces, apenas hay noticias de las decisiones que allí se tomaron mientras avanza, con rapidez y profundidad desconocidas, una crisis que por primera vez no hace excepciones con parte alguna del planeta.
La siguiente cumbre del G-20 tendrá lugar en el mes de abril, en Londres, y la pasada semana el primer ministro francés, Nikolas Sarkozy, y la canciller de Alemania, Ángela Merkel, anunciaron que los miembros europeos de ese club se verán previamente en Berlín para que Europa tenga una voz única en aquella.
Sarkozy y Merkel se juntaron en París para asistir a un seminario titulado Nuevo mundo, nuevo capitalismo. En su intervención, la canciller germana explicó que de la misma forma que existe un Consejo de Seguridad en la ONU (el que ha sido incapaz de detener la masacre de palestinos en el campo de concentración de Gaza), debería haber una suerte de Consejo Económico Mundial que vele por la estabilidad financiera, o una Declaración Universal para una Economía Razonable, similar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Seguramente sin saberlo, Merkel copiaba de modo literal una propuesta inatendida que, justo 10 años antes, también en París, hizo el ex presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, padre de la actual líder del socialismo francés, Martine Aubry.
Así pues, una década perdida en lo relacionado con la regulación de las finanzas internacionales que, de haberse estudiado entonces, quizá hubiese evitado los efectos más lacerantes de la crisis actual.
En un seminario sobre el euro, organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo, Delors propuso la creación de ese Consejo, que "establezca las bases del sistema económico de la era de la mundialización, para el que todavía no se ha encontrado una solución satisfactoria". En él estarían representados no sólo los países del G-7 (todavía no se había añadido Rusia), sino organismos regionales tales como el Mercosur, en América Latina, o la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN), etcétera. No podría ser una especie de G-7 ampliado, pues no lo toleraría el mundo, ya que se daba la contradicción de que entre EE UU, la UE, Canadá y Japón poseían alrededor del 75% del PIB mundial pero representaban a menos del 20% de la población.
En cuanto a la Declaración Universal para una Economía Razonable, eso es lo que pretendió el Consenso de Washington con los resultados conocidos por todos. La dificultad está en que en economía es difícil consensuar lo que se entiende por razonable, si a ello se incorporan materias tan centrales como la redistribución de la renta y la riqueza.
La reunión del G-20 en Washington hizo a su final un comunicado, iniciado por el ampuloso encabezamiento de "Nosotros, los líderes del grupo de los veinte", en el que se establecía un catálogo de propuestas, divididas en dos fases: medidas inmediatas y a medio plazo.
De las primeras, no se sabe nada: el gasto de los gobiernos para combatir la crisis es insuficiente y no está coordinado; la ronda de Doha para liberalizar el comercio internacional sigue desactivada; no hay nuevas normas contables; de la regulación financiera, ni rastro; las agencias de calificación de riesgo siguen autorregulándose (hiperactivas ahora, frente a su pasividad de antes); el Foro de Estabilidad Financiera, que parecía llamado a jugar un papel más significativo, continúa sin ampliar el número de sus socios (no está España, como tampoco está en el G-20); etcétera.
Antes de morir, en abril de 1945, el presidente demócrata de EE UU, Franklin Delano Roosevelt, propició dos conferencias con las que trató de crear el nuevo orden internacional, tras las guerras mundiales: la de Bretton Woods, que significó la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; y la de Dumbarton Oaks, que dio lugar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
A la luz de los conflictos en este comienzo del año (Gaza, la guerra del gas, la recesión económica, etcétera) no parece que las estructuras que gobiernan al mundo desde mediados del siglo pasado sean hoy eficaces ni representativas. ¿Tendrá tiempo Obama, hijo político predilecto de Roosevelt, de abordar también este problema?